Cortezas que cuentan historias
Hay cortezas lavadas que huelen a establo limpio y océano distante, floridas que recuerdan a sotobosque húmedo y naturales que exhiben una dignidad pedregosa. La paleta es amplia y precisa. Frotar con salmuera, cepillar con suavidad o dejar que la microflora local pinte su cuadro son decisiones de autor. La corteza no se come siempre, pero siempre se escucha: cruje, respira, resiste. Es diario de a bordo, registro íntimo de clima, manos y paciencia bien puesta.